Las cabras se esconden tras los muros

Kafara, 4 de febrero de 2010

En octubre, la última vez que visité Kafara, había un muro vegetal que nos aliviaba con su humedad, justo aquí, al lado de esta casa con tejado de caña y chapa. El mijo y el trigo estaban crecidos, más altos que yo, y el poblado se veía verde, frondoso, lleno de vida. Los caminos para andarlo parecían laberintos trazados arbitrariamente entre altas paredes verdes.

Si julio era la época de lluvias y octubre la época de los mosquitos, la de recolectar el maíz, ahora es la época seca, la época fría la llaman, y en las calles se arremolinan nubes de polvo que bailan libres, sin parapetos vegetales. Atrás quedó la época de la cosecha. Hasta Junio no lloverá de nuevo y el agua se esconde bajo tierra, accesible a través de pozos. Por la noche se agradece dormir ligeramente tapado pero durante el día, el viento levanta un polvo seco y fino y el sol cae sin piedad, vertical, caliente, desagradable. El poblado parece desolado y la vida hay que buscarla en la sombra. Cabras que buscan resguardo en el breve oasis solar que produce un viejo muro derruido, burros que se escabullen en pequeñas chozas y los hombres, mujeres y niños se reúnen bajo la sombra a conversar, comer o descansar. A esperar la tarde.

Por las mañanas, Denny lava la ropa, prepara el desayuno, ayuda a su madre con sus hermanos y con el bebé, que va pasando de unas manos a otras alternándose en su cuidado. Poco ha cambiado su rutina tras el parto. Antes, todo era trabajar duro y ahora, lo mismo, aunque el trabajo queda reducido al ámbito casero. Ya no hay que recolectar o sembrar, ni hay que ir a llevar comida al padre que está lejos trabajando. Ahora, la labor es moler el grano de Karité que ha pasado los últimos meses secándose en silos escavados en el suelo, o hacer cuerdas retazos de plásticos y retales vegetales, hacer faenas de la casa o recoger leña.

Sin embargo, sí que hay más tiempo libre para socializar. Las madres recientes se reunen para amamantar a sus bebés, hacen bromas, se ayudan mutuamente.

Si antes, ya convertido en el fotógrafo del poblado, me pedían constantemente fotos (‘fotota, fotota’ me gritaban), ahora van más allá y lo que me piden es una foto con el bebé, como si de una atracción turística se tratase. Como esas siluetas de cartón de las ferias, con el dibujo de un guerrero o cualquier otro personaje, en las uno pone la cabeza para hacerse una foto. Todas quieren una foto con el bebé y, por supuesto, que se las mande. Al menos eso me ha parecido entender.

En esta ocasión me he traído un pequeño, simple, diccionario de bambara. Las expresiones básicas y esas cosas. Útil cuando quiero expresar algo pero nada que hacer cuando son ellos los que comienzan a hablarme, raudos y coloquiales, animados por mi osadía y supuesta habilidad en su lengua tras haber dicho con éxito una palabra. Entonces, la expresión más usual, la más útil que he aprendido, es ‘nma famú’ que viene a ser algo así como ‘no me entero un comino de lo que me dices’. Eso sí, debe de decirse siempre sonriendo.

A pesar de todo conseguimos comunicarnos con esas pocas palabras que sé, que siempre celebran con algarabía, y con el lenguaje universal de los signos. Tocarse el estómago para decir que estaba muy rico, que estoy lleno o que tengo hambre. Agachar ligeramente la cabeza con la mano en el pecho para agradecer, señalar la cámara y mostrársela para pedirle permiso para hacer una foto, y sonreír, sonreír siempre, en cualquiera de las opciones.

También les gusta ponerme a prueba. Una vez que descubren algunas palabras y expresiones usuales intentan incluirme brevemente en las conversaciones, en los ritos, como el de dar gracias cuando se acaba de comer (abarka) o responder a la retahíla de salutación que repiten cada vez que se ven. También me descubro a veces asintiendo con la cabeza como si les entendiese y uso, al azar, alguna expresión en bambara, un ‘si’, un ‘no’ o un ‘no hay problema’ según me lo diga la intuición. Y si estallan en risas es que me he equivocado. Puro azar.

Y si hay lengua universal que puedo usar acá es la imagen, la fotografía. No sólo me piden que les haga fotos, quieren verlas. Ahí si que nos entendemos. No se cansan de ver fotos. Las que les he hecho u otras que tenga en el ordenador. Generalmente les provoca mucha risa verse. Y mientras, yo, que las uso para aprender de ellos, para entender los ritos, las costumbres, las tareas, las relaciones, me siento como un espía aceptado, como un antropólogo sin estudios, como en una canción africana de Sabina, y me formo mis propias teorías, esperando poder plasmarlas en imágenes.

Me sorprende el poco pudor a la hora de amamantar a los bebes comparado a cómo es India. Aquí se sacan un pecho y click, una foto, dos quizá; los chavales me persiguen como el fan que sigue a su ídolo y click, click, fotos de africanitos. Ya sé que es un recurso fácil y trillado pero, ¿qué fotógrafo se resiste a hacerle fotos a los niños en África? A este bebito también hay que cambiarlo. Sus heces son tan claras que al principio no caí en que lo fueran, sino algún tipo de crema. Y nada de pañales. Clilck, click click. Los hermanos que cuidan de su menor, como es tradición, a pesar de que casi siempre andan a gritos, bromas o regañinas, algo que es universal, y ahí estoy raudo con la cámara. Menudo privilegio. Descubrir extrañado a Denny amamantando a su bebé y, al lado, la madre de Denny amamantando a su hijo, el hermano de Denny, click, click, o encontrar prácticas soluciones a problemas propios, reciclajes ingeniosos y una percepción de la vida atada a la tradición y ajena a las prisas. Requeteclick.

Hoy es el último día. Me marcho de vuelta a Bamako y de allí, apenas sin transición, de vuelta a España. El final de la primera etapa de este viaje con cinco embarazadas. El resorte de la melancolía aún no me ha saltado aunque alguna noche lo he buscado cuando se ponía el sol y me sentía tranquilo. Esta tarde cuando volvía me iba despidiendo mentalmente de estos árboles, de estas sonrisas luminosas y algo infantiles, de la familia de Denny, que ha tostado cacahuetes para mi despedida a modo de agradecimiento, de la luz horizontal de la tarde, cálida y rojiza, y respondo con una sonrisa cuando me preguntan si volveré. No sé. Pero por ahora nada de añoranza.

Si alguna vez he sentido algo parecido ha sido al verme en fotos por que, tanto la familia de Denny como la que me acoge, me han pedido fotos con ellos. Les enseñé el manejo básico de mi cámara, vencí mi natural rechazo a aparecer en mis imágenes y sonreí lo que pude.

Sé que es lo normal, que la melancolía y los recuerdos aparecerán luego, sin llamarlos, de vuelta a casa. Una noche, una vigilia, o tal vez en un viaje junto a una ventanilla cualquiera, seguro que recordaré no se qué de este periplo. Alguna certeza de lo que fui, de lo que viví, que ahora se me escapa. Quisiera que fuese ahora, pero ná de ná ¿Qué voy hacerle?, me dibujaron así.

Quizá hayan sido el asiático y el africano los lados del proyecto más complicados por la comunicación. Mis escasos conocimientos de Hindi (o de Tamil, que es la lengua nativa de Vinotha) o de Bambara, han hecho complicado comunicarme. Poder decir, mira, volveré esta tarde, o me gustaría venir al despertar o en la hora de la siesta, o poder transmitir mi preocupación por un tema o por el otro. Hubiese sido más fácil todo sin en vez de la mímica puedo decirles con palabras a los chavales que se salgan del cuadro o que no posen, poder explicarles lo que veo o preguntarles sin tener que adivinar a cada momento.

Eso sí, así ha sido de lo más divertido.

Veremos cuáles son los retos que se me presentan en las parte americana del proyecto, que comenzará en marzo. Espero.

MaTT

Acerca de luzalmundo

www.josesalvadorgutierrez.com
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3 Respuestas a Las cabras se esconden tras los muros

  1. Troll dijo:

    Excelente blog y bellas experiencias… Un saludo :)

    http://mostrandolanada.wordpress.com/

  2. olga dijo:

    Muy Bueno,extraordinario este blog.Es muy grato imaginarte en esos lugares que conoces porque lo has vivido . Con tu humildad consigues un efecto ameno y divertido.Abrazos y Besos.

  3. valentina dijo:

    hola soy vale y siento mucha pena.

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